El personaje que considero más impactante y real es Justo Benedetti, un señor de tercera edad, que se retiró de su trabajo y le informan que su perro Malacara, que huyó 3 años antes, estaba en San Julián. Al verlo, inmediatamente pensé en mi abuelo, quien a pesar de su edad, es fuerte e independiente y también bastante decidido. Casi lloro en la parte en que explica como perdió a Malacara porque me conmovía tanto sus expresiones tan sinceras y su motivación por el amor y el remordimiento que sentía hacia su perro. Mis propio abuelos tuvieron un vínculo muy fuerte con su perro Oliver, quien murió hace unos meses. Su pérdida hizo que lloraran por perder a su compañero fiel que estuvo con ellos, aproximadamente, 15 años. Las personas pueden creer que las mascotas solo son animales a los que cuidamos, pero son muchos más que eso.
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Mis abuelos |


En cambio, María Flores, aunque también fue bastante real, me frustró. Me decepcionó el saber que su decisión de de cambiar la procesadora por el maquillaje sería algo que haría cualquier mujer humilde en su lugar y que todos sus esfuerzos fueron en vano. En verdad sentí casi como si me hubiera lastimado personalmente y quise entrar a la película para decirle que le ayudaría para que la usara y no la cambiara por nada pero a la vez tiene sentido que lo haya hecho. Saber que muchas personas pierden oportunidades en la vida por falta de recursos, inocencia o ignorancia o incluso por falta de iniciativa y esa, desgraciadamente, es una realidad latinoamericana, aunque claro que se dan casos en otras culturas. Fue increíble ver lo genuino de su interpretación en el programa de concursos porque ralmente las personas humildes se comportarían así, aunque nos dé gracia.

La fotografía es otro elemento que me gustó, con los colores fuertes pero no brillantes y los close ups emotivos de los personajes. En verdad esta película me gustó mucho y la volvería a ver y ya la he recomendado a pesar de apenas haberla visto hoy por primera vez. Claro, ver un film argentino con su cultura bien identificada en toda la película no limita nuestra identificación con ella y sus personajes. Es como en el caso de Cien Años de Soledad, cualquier latinoamericano se puede relacionar perfectamente con esa realidad agridulce que nos rodea a todos y nos acerca a pesar de nuestra jerga y nuestras costumbres.
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